Los miedos de Occidente no pueden ser coartada de los abusos de unos, ni las venganzas de otros.
Las Naciones Unidas ( y la U.E.) deben asumir que un error o un temor, no se pueden, ni deben extender en el tiempo, pues lejos de caer en el olvido, corre el grave riesgo de que se gangrene.