EVENTO
En 2026, Suiza asumirá por tercera vez —tras 1996 y 2014— la presidencia[1] de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). Este mandato llega en un momento de ruptura: la guerra en Ucrania, crisis abierta del multilateralismo, desmoronamiento de los mecanismos de confianza entre Estados y una aceleración tecnológica que desborda la capacidad de respuesta de los marcos diplomáticos existentes. Debido a su historia (los Acuerdos de Helsinki de 1975), la crisis ucraniana no ha dado lugar a la expulsión de Rusia de la Organización. Dado que el sistema de toma de decisiones de la OSCE se basa en el consenso, la Organización atraviesa una crisis ejecutiva que le da tiempo para reinventarse. Para Berna, esta presidencia es a la vez un ejercicio diplomático clásico y una prueba de la pertinencia de una neutralidad aún capaz de mantener canales de diálogo en un entorno internacional duramente polarizado.
Una presidencia de continuidad, un contexto sin precedentes
Suiza enmarca su presidencia en la lógica de su política exterior: promoción del derecho internacional, buenos oficios, mediación, prevención de conflictos y compromiso con el multilateralismo; así como sus prioridades anunciadas para 2026: reafirmación de los principios de Helsinki, diplomacia multilateral inclusiva, anticipación de las tecnologías emergentes, derechos humanos y refuerzo de la capacidad de acción de la OSCE[2], que reflejan una clara voluntad de preservar un marco de seguridad cooperativa allí donde se está deteriorando más rápidamente. El interés de Suiza coincide aquí con el de la organización en su conjunto. La OSCE sigue siendo uno de los pocos espacios institucionales en los que los 57 Estados participantes —desde Vancouver hasta Vladivostok, con perfiles políticos radicalmente incompatibles— aún pueden confrontarse sin romper totalmente el hilo diplomático. Teniendo en cuenta que los canales bilaterales entre las grandes potencias se han cerrado en gran medida y que el Consejo de Seguridad de la ONU está paralizado, esta función residual no es desdeñable, sino que tal vez sea incluso insustituible. Ginebra como palanca

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