
Nuestro personaje estaba meditabundo, de
romería en romería, apoyado sobre una frágil
caña, que sonaba más a
'esclafida' que a flexible bambú.
Mientras, acompañado por sus compinches, con la mirada perdida, sin rumbo, cruzaban caminos bajo un fuerte sol, que anunciaba la primavera, camino de la montaña sagrada.
A distancia les perseguía el justiciero, nuestro héroe, ... incansable, aunque un

tanto despistado. El defensor de las causas perdidas. (que
no el de agravios -
of course-).
Este ritual se repetía año tras año; primero a la montaña sagrada de la plana norte,
[magdalena] luego descendían hacia las floridas y ruidosas zonas bajas del
'golfo'[fallas], y casi en el solsticio del verano, acudían al santuario
del rostro. [santa faz]
Nuestro heroe, dislumbró una silueta acechante, y desenfundó su revolver contra aquel enemigo. Vacio el cargador,
¡pim! ¡pam! ¡pum! y tras el humo, descubrió su silueta. Era su misma sombra. Su pasado que volvía tr

as él.
El recuerdo de aquel otro personaje, (el sastre) les atormentaba sobremanera. Y quien antes les tomaba las medidas, ahora, les provocaba pesadillas.
Realmente, este personaje, no era más que parte de un escenario, que antaño se creó b
ajo los resortes del poder. Cuan dulce son las mieles del poder.
Había que tomar alguna medida. Y comenzaron a disparar a todo lo que se movía, ... ¡pum! ¡pum!¡pata pum!, primero sus compinches vaciaron sus revolveres .... pero de nada sirvió, .... la justícia y el orden, siempre triunfan (pensaron). ¡cáspitas! si nunca habíamos pagado, eso, era parte del acuerdo, ¿no?

Al herrero, tampoco le habían pagado nunca las cabalgaduras. ¡Que osadía, pedirles cuentas, a estas alturas!
El sabueso, les seguía el rastro.
(continuará ...
Gürtel chase)